365 DISCOS DE MÚSICA ELECTRÓNICA EN 365 DÍAS
Día 35: Boards of Canada — Geogaddi
Géneros: IDM / Hauntology / Dark Ambient / Experimental
Año: 2002
País: Reino Unido (Escocia)
(Esta es una opinión personal; no tengo conocimientos de teoría musical, pero amo la música electrónica. Espero que se tenga esto en cuenta al leer.)
Uno de los proyectos que más he mencionado a lo largo de este recorrido de 365 discos ha sido Boards of Canada. El dúo escocés formado por los hermanos Marcus Eoin y Michael Sandison encontró una forma muy particular de hacer música: transformar recuerdos, inquietudes y abstracciones en paisajes construidos con sintetizadores, cintas analógicas y samples imposibles de olvidar.
Muchos consideran Music Has the Right to Children su obra más influyente, pero para mí su verdadero punto culminante sigue siendo Geogaddi. Un disco que, más de veinte años después, continúa siendo objeto de análisis, teorías y debates dentro de la comunidad del IDM.
Pero antes de hablar del álbum, déjame hacerte una pregunta.
¿Recuerdas el pánico satánico?
Aquella época donde cualquier cosa mínimamente diferente era considerada obra del diablo.
Tal vez algún familiar te prohibió ver Dragon Ball.
Quizá te quitaron tus cartas de Pokémon o Yu-Gi-Oh! porque "eran satánicas".
Había quienes reproducían discos al revés buscando mensajes ocultos o analizaban fotograma por fotograma intentando encontrar símbolos demoníacos.
Boards of Canada conocía perfectamente esa paranoia.
Y decidió convertirla en arte.
Geogaddi está construido alrededor del misterio.
Existen pequeños detalles que alimentan esa atmósfera: referencias recurrentes al número 666, mensajes ocultos, backmasking, imágenes subliminales y una cantidad enorme de símbolos que durante años alimentaron teorías de internet. Algunas de esas curiosidades fueron incluso incorporadas deliberadamente por el propio dúo como parte del concepto del álbum.
Pero todo eso no significa que estemos frente al manual secreto de una secta.
Precisamente ahí está el juego.
El disco parece invitarte constantemente a buscar algo que quizá nunca estuvo ahí.
Musicalmente es igual de fascinante.
Beware the Friendly Stranger se convirtió en una de las piezas más reconocibles del grupo gracias a esa atmósfera inquietante que incluso inspiraría a artistas como Leyland Kirby en algunos aspectos de su trabajo como The Caretaker.
Gyroscope posee una historia curiosísima: Michael Sandison comentó que la composición nació intentando recrear con la mayor precisión posible un sueño que había tenido años atrás.
Y, según él, el resultado terminó siendo sorprendentemente cercano a aquello que recordaba.
A partir de ahí, el álbum se convierte en una sucesión de pequeños rituales sonoros.
Interludios como The Smallest Weird Number.
Canciones como 1969, donde aparecen samples manipulados de antiguos programas infantiles, emisiones radiofónicas y voces procesadas mediante backmasking.
Temas como The Devil Is in the Details, A Is to B as B Is to C o You Could Feel the Sky, donde nunca sabes si estás escuchando un recuerdo, una pesadilla o una transmisión perdida de otra época.
Gran parte del encanto de Geogaddi proviene precisamente de esa incertidumbre.
En internet incluso existen versiones del álbum reproducidas completamente al revés para descubrir los mensajes escondidos que Boards of Canada decidió ocultar entre sus capas de sonido.
Y aunque muchas teorías probablemente exageran su significado, resulta imposible negar que pocas obras invitan tanto a escuchar una y otra vez buscando nuevos detalles.
¿Qué significa realmente Geogaddi?
Quizá esa sea precisamente la pregunta que el disco nunca quiere responder.
CONCLUSIONES PERSONALES:
Uno de los prejuicios más comunes hacia la música electrónica es pensar que carece de narrativa o de mensaje.
Geogaddi demuestra exactamente lo contrario.
El álbum juega con nuestra obsesión por encontrar significados ocultos, cuestionando hasta qué punto somos nosotros quienes los descubrimos... o quienes los inventamos.
Boards of Canada siempre ha mantenido un enorme misterio alrededor de su propia identidad y de su proceso creativo, pero también ha dejado claro que buena parte del álbum funciona como una sátira hacia aquella infancia marcada por el miedo irracional al supuesto satanismo escondido en la cultura popular.
Aun así, las teorías nunca dejaron de aparecer.
Que si era un ritual iniciático.
Que si escondía mensajes para una secta.
Que si era propaganda del Proyecto MK-Ultra.
Después de escucharlo varias veces puedo confirmar una sola cosa.
Ninguna organización secreta me llamó por teléfono.
Mi cerebro sigue funcionando exactamente igual.
Pero sí terminé completamente atrapado por uno de los discos más misteriosos que ha dado la música electrónica.
Y quizá por eso esta reseña llega publicada pasada la medianoche.
Porque algunos discos simplemente se disfrutan más cuando el resto del mundo ya está dormido.
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