365 DISCOS DE MÚSICA ELECTRÓNICA EN 365 DÍAS
Día 11: Manamoon — Serani Poji
Géneros: Shibuya-kei / Música de videojuegos
Año: 1999
País: Japón
(Esta es una opinión completamente personal. No soy músico ni tengo conocimientos técnicos de teoría musical; simplemente amo la música electrónica y quiero compartir este recorrido.)
Para hablar de Manamoon hay que abrir tres puertas al mismo tiempo.
La primera es el Shibuya-kei.
La segunda es la Dreamcast de SEGA.
Y la tercera es Serani Poji.
El Shibuya-kei fue uno de los movimientos más fascinantes del pop japonés de los años noventa. Nacido alrededor del distrito de Shibuya en Tokio, este estilo tomó influencias de décadas enteras de música occidental y japonesa para construir algo nuevo. Jazz, bossa nova, lounge, house, pop sesentero, electrónica, música francesa y retrofuturismo convivían en un mismo espacio.
Era un género que parecía vivir simultáneamente en el pasado y en el futuro.
La segunda puerta es la Dreamcast.
La última consola de SEGA.
Una máquina adelantada a su tiempo que, aunque tuvo una vida corta, dejó una huella enorme en la historia de los videojuegos. Para mí sigue siendo una de las consolas más especiales jamás creadas.
Y finalmente llegamos a Serani Poji.
Un proyecto musical ideado por Tomoko Sasaki para el videojuego Roommania #203, una extraña aventura lanzada para Dreamcast donde observamos la vida cotidiana de un personaje desde la distancia.
Según la propia descripción oficial, Serani Poji estaba hecho de felicidad, milagros, misterio, pastel, fresas, caramelos, juventud, amor, café con leche, estrellas brillantes y muchas otras cosas maravillosas.
Y después de escuchar Manamoon, puedo decir que esa descripción no exagera en absoluto.
Este álbum funciona tanto como banda sonora para Roommania #203 como una obra independiente.
Desde los primeros minutos queda claro cuál es la intención principal del disco:
Jugar.
Experimentar.
Mezclar.
Fusionar.
A lo largo de sus canciones encontramos elementos de Deep House, Bossa Nova, Soft Rock, Techno House, Lounge y Pop japonés, todo ensamblado con una naturalidad sorprendente.
Aunque nunca he jugado Roommania #203, escuchando este álbum da la sensación de comprender perfectamente el mundo que intentaba construir.
Las baterías, los sintetizadores y los pequeños detalles de producción crean una atmósfera extremadamente acogedora.
Mi canción favorita terminó siendo "No.128".
Es uno de esos temas que parecen encapsular toda la esencia del álbum en pocos minutos.
Las letras rara vez buscan ser profundas o grandilocuentes.
Son inocentes.
Cotidianas.
Ligeras.
Y creo que precisamente ahí reside gran parte de su encanto.
Escuché este disco mientras hacía mis tareas de japonés de la semana y más tarde durante mi caminata vespertina.
Fue el acompañante perfecto.
Si tuviera que señalar las canciones más bailables, probablemente elegiría "Which One Of The Twins?" y "My Love, Marshmallow".
House japonés en estado puro.
Aunque, siendo honestos...
¿A quién intento engañar?
Esto es Shibuya-kei en toda su gloria.
Y quizás por eso conecta tanto conmigo.
El Shibuya-kei ha sido mi género favorito desde la adolescencia.
Siempre me ha parecido una celebración de la nostalgia por un futuro que nunca llegó.
Un futuro brillante, optimista y colorido que muchas veces parecía estar a la vuelta de la esquina.
Cada década transforma el género y cada generación le añade algo nuevo, pero siempre permanece esa sensación de extrañar algo que en realidad jamás vivimos.
Serani Poji no formó parte de la primera gran explosión del Shibuya-kei.
Sin embargo, sí participó en su transformación hacia el nuevo milenio, cuando la electrónica comenzó a ocupar un papel cada vez más importante dentro del movimiento.
Y Manamoon representa perfectamente esa transición.
Es exactamente todo lo que Tomoko Sasaki prometía.
Y quizás un poco más.
La inocencia de una época donde parecía que todo iba a salir bien.
CONCLUSIONES PERSONALES
El Shibuya-kei merece ser recordado con la misma pasión con la que hoy se recuerda al City Pop.
Ambos representan sueños distintos sobre el futuro.
Y ambos siguen encontrando nuevos oyentes décadas después.
Tomoko Sasaki continúa activa y ha expresado en varias ocasiones su interés por volver a trabajar con Serani Poji.
El Shibuya-kei también sigue vivo, transformándose constantemente en nuevas formas.
Y quién sabe.
Quizás el próximo gran sonido aún está esperando ser descubierto.
Espero encontrarlo cuando llegue.
Mientras tanto, recomiendo Manamoon no solo como un álbum de música electrónica, sino como una pequeña ventana hacia el Japón de finales de los noventa y principios de los dos mil.
Permítete sentir esa nostalgia extraña.
Baila con ella.
Y disfruta mientras el presente nos lo permita.
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