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365 DISCOS DE MÚSICA ELECTRÓNICA EN 365 DÍAS: THE FAT OF THE LAND por THE PRODIGY

365 DISCOS DE MÚSICA ELECTRÓNICA EN 365 DÍAS

Día 21: The Prodigy — The Fat of the Land

Géneros: Big Beat / Breakbeat Hardcore

Año: 1997

País: Reino Unido

(Esta es una opinión personal; no tengo conocimientos de teoría musical, pero amo la música electrónica. Espero que se tenga esto en cuenta al leer.)

Antes de Death Grips. Antes de Machine Girl. Antes de Crystal Castles, LustSickPuppy, 1-800-PAIN o incluso de buena parte de la electrónica agresiva que hoy domina ciertos rincones del underground, existió The Prodigy.

Un punto de encuentro imposible entre la música electrónica y el espíritu del punk.

The Prodigy fue formado por Liam Howlett, acompañado por Maxim y el inolvidable Keith Flint, una figura cuya presencia escénica transformó al grupo en algo más que un proyecto electrónico. Eran una banda, un acto performático y una declaración de guerra contra la idea de que la electrónica debía ser elegante o sofisticada.

Aquí la electrónica sudaba.

Gritaba.

Empujaba.

Y rompía cosas.

Durante los años noventa, The Prodigy se convirtió en uno de los pilares del movimiento Big Beat y Breakbeat Hardcore junto a otros nombres fundamentales como Fatboy Slim o The Chemical Brothers. Sin embargo, mientras muchos artistas de la época buscaban construir himnos para la pista de baile, The Prodigy parecía más interesado en provocar disturbios.

Y en 1997 alcanzaron su punto máximo con The Fat of the Land.

Un álbum que arrasó en las listas británicas, rompió récords de ventas y convirtió al grupo en uno de los actos electrónicos más importantes del planeta.

También fue un escándalo.

Por las razones correctas.

Y por algunas razones bastante equivocadas.

La primera mitad del disco es, sencillamente, punk transformado en secuenciadores, sintetizadores y cajas de ritmo.

Desde los primeros segundos de Smack My Bitch Up queda claro que este álbum no tiene intención alguna de comportarse. Aún recuerdo la primera vez que vi su polémico videoclip siendo adolescente. Fue una de esas experiencias musicales que simplemente no se olvidan.

Los primeros cuatro temas funcionan como una explosión constante de energía.

Breathe, Diesel Power y Funky Shit combinan elementos del rock, el techno, el breakbeat y el hip-hop de una manera que todavía hoy resulta sorprendentemente moderna.

Escucharlos me recuerda a jugar Need for Speed, Burnout o cualquier videojuego donde la velocidad importa más que la prudencia.

La segunda mitad del disco, iniciando con Mindfields, mantiene la agresividad característica del grupo, pero comienza a explorar terrenos algo más atmosféricos y experimentales. No llega a convertirse en IDM, pero sí permite apreciar detalles y texturas que podrían pasar desapercibidos durante una escucha superficial.

Lo que más me gusta del álbum es cómo combina guitarras eléctricas, baterías reales y programación electrónica sin que ninguno de los elementos se sienta fuera de lugar.

Todo funciona como una enorme máquina diseñada para generar adrenalina.

Como conducir un automóvil deportivo sin frenos cuesta abajo.

Y aunque existen algunos momentos donde ciertas fórmulas parecen repetirse, nunca llegan a afectar seriamente la experiencia.

Porque cuando The Prodigy encuentra el equilibrio entre caos y ritmo, pocas bandas pueden competir con ellos.

CONCLUSIONES PERSONALES:

Este es uno de esos discos que siempre me hace preguntarme si debería recomendarlo a cualquier entusiasta de la música electrónica.

Si vienes esperando algo parecido a Byron Stingily, Fila Brazillia o incluso Aphex Twin, probablemente recibirás un golpe bastante fuerte.

Es pasar de una malteada a un trago de vodka directo.

Pero precisamente ahí reside parte de su encanto.

The Fat of the Land no busca agradar a todos.

Busca impactarte.

Busca dejar una marca.

Y lo consigue.

Por eso suelo recomendar este disco especialmente a quienes disfrutan de propuestas más agresivas o experimentales. Muchos fanáticos de Death Grips, Machine Girl o incluso Atari Teenage Riot terminan llegando tarde o temprano a The Prodigy.

Y cuando lo hacen, suelen descubrir que buena parte del camino ya había sido trazado por Liam Howlett y compañía décadas antes.

Para muchos sigue siendo una obra maestra del Big Beat.

Y sinceramente, me incluyo entre ellos.


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DAY 21 — THE FAT OF THE LAND

BREATHE...


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