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Category: Literature

amor - online - odio - offline.

amor.

la idea de que esté con alguien más le revuelve las entrañas. es una imagen que se le clava detrás de los ojos, que le mastica el cerebro y le envenena la sangre. una sensación que fermenta y borbotea en su interior; siempre ha querido que él sea sólo suyo, pero algunos le llaman "celos".


online, online, online.

al principio, verlo conectado era suficiente para hacerla sonreír y patalear en el aire. esperaba sus mensajes, sabía de memoria sus horarios, se emocionaba con cualquier señal. ahora esa misma luz verde es una tortura. ahí está, conectado, teniendo tiempo para todo el puto mundo menos para ella. se odia a sí misma por esperarlo, por necesitarlo.


colarse en su departamento sin permiso es lo mínimo que haría con tal de encontrar respuestas. la botella es lo primero que nota distinto; es el mismo whisky que compran para compartir, el que se supone que pertenece a los dos. las ausencias cobran sentido, los silencios y excusas adquieren el hedor de una traición. 


está sobre la mesa de la cocina, casi vacía. 

algo termina de quebrarse en su cabeza. 

si no lo ha bebido con ella, ¿entonces con quién carajo ha sido?


quiere gritar, quiere destrozar hasta el último objeto de la habitación en la que seguramente se ha estado cogiendo a otra. el pulso se le acelera, los ojos saturados de ira derraman lágrimas calientes que le deforman la cara.


escucha la puerta. medio borracho, la saluda con una despreocupación que la hace desconectarse. ella, con la botella en mano, parece que va a preguntarle algo, pero en lugar de su voz es el repentino estruendo del cristal estrellándose contra la sien lo que resuena entre las paredes. el primer golpe lo deja aturdido; el segundo lo derriba. la caída al suelo le retumba dentro del cráneo embotado.


ninguno de los dos puede pronunciar una frase coherente: él por el zumbido que le desenfoca la vista, ella por la ira que le quema en las venas.


"tú... eres... mío".

palabras que escurren de su boca como ácido de batería.


en un instante sus dedos encuentran uno de los cuchillos de la cocina y se le abalanza mientras él intenta reaccionar. su expresión es irreconocible, torcida de furia, rencor y terror.


todo se vuelve confuso: el forcejeo, los gritos, los muebles desplazándose, los golpes contra el suelo de madera y el primer alarido cuando le encaja el filo en el pecho a dos manos. 


el sonido sordo, húmedo y repugnante, después viene la mancha oscura que se extiende por la tela rota. hay algo grotescamente íntimo en ese momento: el calor, el rojo, la certeza de que cruzar esa frontera los uniría para siempre. una vez no es suficiente para callar el ruido que aturde a su cerebro.


"mío, mío, mío, mío, MÍO". no se sabe cuántas veces lo dice. el chasquido del cuchillo atravesándole el tórax se multiplica a la par en que le repite y la sangre le salpica el rostro. "y si no eres mío, no serás de nadie, hijo de puta", su voz ya no parece suya. tiene el cabello pegado a las mejillas húmedas, la garganta atascada en gritos y la respiración agitada se mezcla con sollozos y una que otra risa ansiosa, desubicada. 


es muy fácil ceder al impulso de apuñalar hasta el cansancio a quien creía amar cuando siente que no le pertenece. 


la botella rota brilla bajo la luz del lugar, el poco whisky derramado se revuelve con el olor metálico que de a poco impregna la habitación. 


odio.

y cuando sus sentidos regresan, no hay espacio para el arrepentimiento. se queda sentada sobre el cuerpo sin pulso rodeado de un charco amargo que se come el color del suelo. no siente miedo, tampoco amor. no siente nada. pero hay una satisfacción en los rincones podridos de su cabeza que celebran y le dicen que él se lo buscó por hacerla sentir tan fácil de reemplazar.


offline, offline, offline.

"bebé", la palabra sale por mera costumbre. le busca el rostro, alguna expresión, y sólo encuentra una mirada sin vida, vacía, pero que tampoco va a volver a ignorarla. "ya está, ¿ves? no necesitabas a nadie más". se inclina para abrazarlo con una sonrisa de alivio retorcido, queriendo refugiarse en la intimidad de un nuevo lazo que no puede tener con ninguna otra perra. ya no tendrá que ver su luz verde, él no puede volver a ignorarla, ni a hacerla sentir insuficiente. ya no puede abandonarla.

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