cuando tienes la valentía de sostenerme la mirada, puedo ver lo que llevas cargando.
veo dolor, veo cansancio. veo las heridas que te hicieron hace años, pero que aún no han cicatrizado porque el ácido recuerdo de los imbéciles que te lastimaron se exprime sobre tu piel abierta cada cierto tiempo. has perdido la cuenta de las veces en que fuiste traicionada, humillada, abusada. has sido deshumanizada, has sido arrastrada hasta el infierno por las mismas personas en las que depositabas tu confianza y que solían magnificarte, sigues siendo víctima de los estragos que te han dejado la falsedad, el odio, la envidia de a quienes entregaste amor y lealtad. veo la sed de venganza que atormenta tu alma, la idea de que no estarás en paz hasta que ellos paguen, hasta que vivan un calvario en su propia carne por haberte dañado es lo único que te da la fuerza para salir de la cama cada día.
veo las ojeras de todas las noches que has pasado preguntándote por qué tiene que ser así, por qué a ti, veo la irritación de todo lo que has llorado y la de las drogas que usas para apagar esos pensamientos, en busca de calma. tormento, ira, emociones albergadas en tu pecho y que aún no han podido ser desenmarañadas. veo la impotencia de que esos hijos de puta vivan sus vidas con tranquilidad y sin consecuencias por haberte roto, mientras lo que queda de ti ha sido lanzado al pozo más profundo, de donde ahora sientes que no puedes salir.
pero entre la oscuridad, hay un brillo muy sutil y que a veces se debilita, pero está ahí. aunque tú no lo crees, veo que tienes la esperanza de volver a sentir algo bueno y de salir de ese pozo, que aún tienes sueños por cumplir. veo tus párpados abrirse cuando conoces a alguien a quien le gustan las mismas canciones horrendas que tú escuchas a diario, tus pupilas dilatarse cuando consumes tu alucinógeno favorito en tu recámara sólo por diversión y también veo tus ojos desaparecer en dos medias lunas cada vez que un chico alto y de cabello largo te dice lo bonita que eres. veo la delicadeza con la que acaricias a los animales callejeros, la amabilidad con la que respondes al saludo del portero cada mañana al volver a casa y la ilusión por encontrar a un hombre que no te lastime, que te amen de verdad algún día, en esta vida o en la próxima. porque a pesar de los horrores, a pesar de que casi nunca tienes la energía para siquiera sonreír, corre por tus venas mantenerte suave con quienes te recuerdan que no todos son unos cabrones.
le tienes miedo a tu reflejo porque no quieres saber que tu rostro ha cambiado y que es evidencia del pesar de tu corazón, pero tienes que asomarte al espejo porque es la única oportunidad que tengo para recordarte que eres una buena persona, que todavía veo dulzura en tu mirada.
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