Habitó en un cuerpo muerto que aún camina y respira. Puede parpadear y hablar. Puede vivir como cualquier otro, lo habitó en sus profundidades. En esa oscuridad que no vemos. Allí paso mis días y mis noches, en pasillos llenos de murmullos y llantos. Agonicos llantos que se desesperan en salir a la superficie igual que aquellos pensamientos que se esconden en lo más remoto de mi ser. Que no pueden o mejor dicho, no deben salir jamás.
De ellos me avergüenzo no puedo ni siquiera explicarte el porque de tan oscuros pensamientos.
Habitó en un cuerpo muerto que aún vive, que aún siente y anhela. Y en la oscuridad paso mis días y mis noches. En esas profundidades construí habitaciones para mis miedos, mis alegrías, para mi ira y resentimiento. Algunas de ellas tienen cerraduras impenetrables. Ni yo mismo puedo entrar y es que tampoco lo quiero.
Habitó un cuerpo vivo que parece estar muerto. Vacío, un vacío que no se ve, más bien se siente. Que no lo pude llenar jamás con nada, todo intento siempre fue inútil y al contrario parecía que el vacío crecía cada ves más y más y más.
Habitó en un cuerpo vacío y una mente llena que no se calla. Los días y las noches se vuelven uno, ya el tiempo no vale nada. El reloj sigue corriendo y yo trato de alejarme de él pero por más que lo intento no se puede. No se puede ganar contra el tiempo.
No se puede.
Habitó en un cuerpo...
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