el otro día encontré la tarjeta de cumpleaños que me regalaste, estaba entre las libretas que llené con pensamientos en la secundaria, medio empolvada porque pasó varios meses bajo mi cama. lo siento, ahí es donde arrumbo las cosas que me hacen <recordar>. porque justamente, leer tus palabras cursis escritas en tinta rosada me hicieron recordar lo feliz que estabas cuando me regalaste el abrigo afelpado que tanto quería, estabas más emocionada tú que yo, siempre esperabas por mis reacciones aunque mi cara fuera casi siempre inexpresiva.
pero a ti no te importaba eso, me contabas cada cosa que hacías y hasta lo que soñabas aunque yo sólo tenía la energía para asentir luego de escucharte. pensabas en voz alta y cantabas a mi lado, jugabas y planeabas qué sería lo que aprenderías la próxima vez porque nunca podías estar sin hacer algo. eras tan inquieta que en muchas ocasiones me irritabas, pero era divertido vernos para solamente tirarnos en la cama a escuchar música, nos conocíamos tan bien que encontramos comodidad para sólo existir juntas, hacer nada juntas.
eras la primera en saber cuando me besaba con algún chico lindo y después eras la única en saber cuando éste me rompía el corazón. contigo probé mi primer cigarro, probé mi primera cerveza y tuve mi primer viaje sin mi madre. en muchas primeras veces estuviste tú. éramos la confidente de la otra, sabíamos cada detalle de nosotras, de nuestras personalidades, de nuestras mentes. no hacía falta explicar porque bastaba una mirada o un suspiro para entendernos. nos hicimos un millón de promesas sobre estar juntas hasta el final y nos llamábamos "alma gemela".
por los años, por las mil y una experiencias que tuvimos, solía pensar que me podía hacer falta cualquier persona menos tú, que mientras te tuviera a ti mi mundo seguiría en pie, pero luego de un tiempo en tu ausencia me di cuenta de que no eras indispensable como creía. me di cuenta de que tu recuerdo no duele. no puedo decir que estoy mejor sin ti, sólo no se me quitó el sueño ni el hambre, ni me morí de tristeza, no he llorado ni una sola vez desde tu partida. las cosas siguieron igual después de que te fuiste y ahora sé que no te necesito para que mi vida siga su curso. no puedo evitar que tu recuerdo me haga sonreír, pero no te echo de menos.
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