Cuando la suave brisa del viento golpea mi rostro a través de la ventana, puedo sentir como me transformo en un suave pétalo. El pétalo de una rosa que fue entregada a un gran y honesto amor que, tras la guerra, sus pétalos se marchitarán junto con las promesas que alguna vez plantaron un gran rosal. El viento, ajeno al dolor, me arrancara de mi pequeño rosal y me llevara entre brisas hasta la tierra fresca donde yace inmóvil el cuerpo de un gran amor.
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