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Category: Life

THE SACRED AND THE FORBIDDEN / LO SAGRADO Y LO PROHIBIDO

THE SACRED AND THE FORBIDDEN

LO SAGRADO Y LO PROHIBIDO


Human beings have always had a strange relationship with desire.

We seek it, fear it, regulate it, ritualize it and sometimes condemn it.

Sexuality in particular has repeatedly found itself standing at the border between the sacred and the forbidden.

And perhaps that border is exactly what makes it interesting.

Many spiritual paths have explored abstinence. The reasoning can be powerful: withdraw from desire, observe what happens to the mind, develop discipline and redirect attention toward something beyond immediate gratification.

There is something valuable in that experiment.

But there is another experiment that interests me just as much:

What happens when we don't suppress desire, but consciously enter into it?

Different religious, mystical and esoteric traditions have approached sexuality in very different ways. Sometimes through physical practices, sometimes through symbolism, visualization, ritual or the transformation of desire itself.

The important distinction is that sexuality does not automatically become spiritual simply because we give it a mystical vocabulary.

Intent matters.

Awareness matters.

Context matters.

The same act can be distraction in one moment and profound introspection in another.

That leads me to something I find much more interesting than either abstinence or indulgence:

experimentation.

Try silence and observe yourself.

Try desire and observe yourself.

Experience restraint.

Experience release.

Then compare.

What happens to concentration?

To dreams?

To emotions?

To perception?

To the sense of self?

Perhaps mastery over desire doesn't necessarily mean saying no to it.

Perhaps sometimes mastery means being capable of saying yes without becoming its servant.

There is a considerable difference between choosing desire and being controlled by it.

And this extends far beyond sexuality.

Anger, ambition, pleasure, fear, curiosity and even belief itself can dominate us when we never examine our relationship with them.

For me, spirituality becomes interesting precisely at that point: when it stops telling us what we are supposed to experience and instead encourages us to investigate experience for ourselves.

I don't want someone else to tell me that desire is sacred.

I don't want someone else to tell me that desire is sinful.

I want to understand what it does.

Observe it.

Experience it.

Question it.

And decide for myself what place it deserves in my life and spiritual practice.

Perhaps the forbidden has always fascinated humanity for precisely this reason.

Behind every prohibition hides a question:

What happens if I cross the boundary?

𖤐 Lux ex Tenebris 𖤐


Español

El ser humano siempre ha mantenido una relación extraña con el deseo.

Lo buscamos, lo tememos, lo regulamos, lo ritualizamos y, en ocasiones, lo condenamos.

La sexualidad, en particular, ha terminado una y otra vez situada en la frontera entre lo sagrado y lo prohibido.

Y quizá sea precisamente esa frontera lo que la hace interesante.

Muchos caminos espirituales han explorado la abstinencia. El razonamiento puede ser poderoso: apartarse del deseo, observar qué sucede en la mente, desarrollar disciplina y dirigir la atención hacia algo situado más allá de la gratificación inmediata.

Hay algo valioso en ese experimento.

Pero existe otro experimento que me interesa exactamente igual:

¿Qué ocurre cuando no reprimimos el deseo, sino que entramos conscientemente en él?

Distintas tradiciones religiosas, místicas y esotéricas han abordado la sexualidad de maneras muy diferentes. Algunas veces mediante prácticas físicas, otras mediante simbolismo, visualización, ritual o la propia transformación del deseo.

Pero hay una distinción importante: la sexualidad no se convierte automáticamente en algo espiritual simplemente porque la envolvamos en vocabulario místico.

La intención importa.

La consciencia importa.

El contexto importa.

El mismo acto puede ser una distracción en un momento y convertirse en una profunda experiencia introspectiva en otro.

Y eso me lleva a algo que encuentro mucho más interesante que la abstinencia o la indulgencia:

experimentar.

Prueba el silencio y obsérvate.

Prueba el deseo y obsérvate.

Experimenta la contención.

Experimenta la liberación.

Después compara.

¿Qué sucede con la concentración?

¿Con los sueños?

¿Con las emociones?

¿Con la percepción?

¿Con la sensación de quién eres?

Quizá dominar el deseo no signifique necesariamente decirle no.

Quizá, algunas veces, dominarlo consista en ser capaz de decir sí sin convertirse en su sirviente.

Existe una diferencia considerable entre elegir el deseo y ser controlado por él.

Y esto se extiende mucho más allá de la sexualidad.

La ira, la ambición, el placer, el miedo, la curiosidad e incluso nuestras propias creencias pueden dominarnos cuando nunca examinamos nuestra relación con ellos.

Para mí, la espiritualidad comienza a resultar verdaderamente interesante precisamente ahí: cuando deja de decirnos lo que se supone que debemos experimentar y empieza a invitarnos a investigar nuestra propia experiencia.

No quiero que otra persona me diga que el deseo es sagrado.

Tampoco quiero que otra persona me diga que es pecado.

Quiero comprender qué hace.

Observarlo.

Experimentarlo.

Cuestionarlo.

Y decidir por mí mismo qué lugar merece dentro de mi vida y de mi práctica espiritual.

Quizá lo prohibido siempre haya fascinado al ser humano precisamente por esto.

Detrás de cada prohibición se esconde una pregunta:

¿Qué ocurre si cruzo la frontera?

𖤐 Lux ex Tenebris 𖤐

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